Y a pesar de todo… ya vienen los Reyes Magos

Carmena sigue empeñada en dejar a los niños madrileños sin ilusión. Tras las ocurrencias en las que proponía a sus madres limpiar las aulas que ellos mismos ensucian, o mandaba a los infantes capitalinos a recoger las colillas fumadas por otros, ahora a la primera edil madrileña le ha dado por cargar contra la Cabalgata de Reyes. Este año ya no estará “Miguelín” con su centenar de ocas, Manuela las cambiará por trescientas bicicletas, y los villancicos serán sustituidos por un deejay, no vaya a ser que en esta nueva escenografía multicultural algún no católico se sienta ofendido con las letras de los cánticos navideños.

Es de suponer que los actuales componentes del consistorio madrileño vivieron en su niñez unas mañanas del 6 de enero cargadas de frustraciones. No quiero ni imaginar cuánto carbón tuvieron que tragar esas criaturas para haber mantenido la bilis contenida durante décadas para ahora soltarla sobre los que, como ellos entonces, no levantan un metro del suelo. O tal vez es, simplemente, fruto del aburrimiento. Dicen, que cuando el diablo no sabe qué hacer con el rabo mata moscas. El problema es que el diablo, por regla general, tiene miedo de su propia ignorancia y por eso, cuando algo se escapa de sus pocas entendederas, en lugar de usar el rabo, mata las moscas a cañonazos llevándose por delante todo lo que no alcanza a comprender.

En este afán por convertirse en los reyes del absurdo, los podemitas madrileños han diseñado una cabalgata futurista en la que no hay camellos ni otros animales, ni siquiera concejales. Eso sí, en el reparto de colores para las carrozas, a Baltasar le ha tocado el rosa, imagino que en un guiño a la igualdad que en los distritos de Puente de Vallecas y San Blas pondrán en práctica disfrazando de hombre a sendas mujeres en un nuevo ejercicio del esperpento en que nos han instalado desde el pasado mes de mayo, tratando de cambiar Madrid hasta que no lo conozca ni la madre que la parió.

De momento, y sin contar con nadie, la han emprendido con todas las paredes que encuentran vacías. Lo llaman “intervención artística”, una forma de quitar responsabilidad criminal a los graffitis de toda la vida. Esos que se hacían con la cara tapada y sprays, en este nuevo Madrid se realizan al amparo municipal y con grúas de última generación para que el artista no cargue con escaleras de mano. Cuesta mucho creer que los vecinos del popular barrio de Vallecas entiendan este derroche cultural entiendan que leches hace un minotauro paseándose por sus fachadas mientras carga un caballo bajo el brazo. No creo que ni siquiera lo entienda el concejal que lo autorizó como prioridad. Con más urgencia incluso que la limpieza de las calles de un distrito donde los indigentes se han convertido en comerciantes de una suerte de mercadillo en el que venden todo lo que sacan de la basura que no se termina de recoger, mientras que los aledaños de la Junta Municipal se han convertido en el enorme retrete de este improvisado centro comercial.

Pero eso no es prioritario. Lo importante en estos días es darles donde más duele a las miles de familias que eligieron el modelo del Colegio Arenales para educar a sus hijos. ¿Quiénes se han creído ellos para llevar a sus vástagos a un colegio en el que niños y niñas se educan en estancias separadas?. De momento dejan a los alumnos sin cabalgata y ya veremos si no nos prohíben ir al Bernabéu mientras Zidane no alinee una mujer en el once inicial. Resulta paradójico que gente que vive pegada a las redes sociales siempre acabe pensando en pretérito, en esos años en los que los chavales se formaban para ser productivos y las muchachas solo amas de casa. Tiempos que, salvo que le den mucho a “Cine de Barrio”, ninguno de los ediles madrileños conoce ni de oídas ya que otras izquierdas, más moderadas eso sí, se ocuparon de eliminar de los libros de historia no fuese que los españoles se enterasen de que hubo vida antes del 82.

Pero como bien dice la escenógrafa contratada por Manuela Carmena para el desfile de Reyes Magos, hay otra forma de contar la historia. Esa que a ellos les interesa. Esa que lleva a desterrar nombres del callejero de Madrid mientras que en Valencia la cabalgata emuló la del 37, en la que tres reinas magas vestidas de cabareteras decimonónicas se pasearon por las calles de la capital del Turia para acabar asomadas al balcón del consistorio de marca blanca. No se que pensaran dejar para Carnaval.

En cualquier caso, y con independencia de lo adoctrinado que se esté, esta noche volverán los Reyes Magos. Melchor, Gaspar y Baltasar. Y serán tres hombres. Y vendrán en camellos y atenderán todas las cartas, también las de los concejales que para esto no usan el Twitter porque en 140 caracteres no caben todas las ilusiones.

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