Veintidós años y una huelga

¿Se ha parado a pensar cuantas cosas han pasado en los últimos veintidós años? Prácticamente toda una vida. En este tiempo seguro que terminó su carrera, se casó, montó su negocio y, muy probablemente, ahora son sus hijos los que terminan la carrera, y los que empiezan a casarse y a montar sus propios negocios. En veintidós años hemos tenido cuatro presidentes de Gobierno. El Real Madrid consiguió tres Copas de Europa y España fue Campeona del Mundo. Hasta hemos vivido como todo un Jefe del Estado Mayor para la Defensa se volvía antisistema. Entre tanto, y a pesar de todo eso, en la Unión General de Trabajadores seguían dedicados a que el paso del tiempo no les afectase. Me da, que hasta algún pacto se ha llevado el diablo para que a Cándido Méndez no se le note el discurrir de los años.

Puede ser que a fuerza de ver a su líder hecho un chaval, la central sindical socialista haya vivido convencida de que en la madrileña calle de Hortaleza existe una especie de microespacio que les mantiene ajenos a la realidad en la que habita el resto del mundo. Una realidad que solo parece incluir a quienes sufren los rigores del desempleo y ellos, ya lo dice su propio nombre, solo buscan el bienestar de los trabajadores y el parado no lo es. Un bienestar que se materializa en una cesta de navidad. De 68 euros nada menos la exigía el comité de empresa de Limasa, la concesionaria de la limpieza de Málaga, para desconvocar la huelga tras conseguir que el ayuntamiento abandonase la idea de retirar los puestos de trabajo hereditarios. ¡Hereditarios! ¡Que cachondos! Voy a aprovechar que estos días paso por Málaga a ver si me encuentran hueco en la empresa y ya de paso perpetuó la saga de los Jiménez en el noble oficio de la recogida de residuos sólidos urbanos. Pero que no se preocupe el alcalde malacitano, yo si estoy dispuesto a negociar. De entrada, renuncio al lote navideño si me manda a dejar como los chorros del oro la Plaza de la Judería o aledaños, que siempre he sido yo muy de hacer recesos en “El Pimpi”. Y si hay que afiliarse a  la UGT para no desentonar, pues se afilia uno y listo, no vayan a pensar los compañeros que a mi no me gusta vivir a lo grande.

Anhelos personales aparte, lo cierto es que después de que la sección sindical de UGT en la concesionaria dejase la capital de la Costa del Sol bañada en la vergüenza y la insalubridad en pos de la progresía y lucha sindical, la huelga termina justo cuando a la central socialista le da un giro a la dirección y nombra a Josep María Álvarez sucesor del sempiterno Méndez. La paradoja llega cuando al que le toca tomar las riendas de la Unión General de Trabajadores, y subrayo lo de unión, lleva el separatismo y la autodeterminación en su ADN. Pues nada, otro problema más para Pedro Sánchez al que se le ha colado en casa un sindicalista con un discurso más cercano al de Podemos que al del PSOE. No, si ya te lo digo yo, amigo Cándido, otros vendrán que bueno te harán. Lo que espero es que no necesiten otros veintidós años para darse cuenta.

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