Una visita inesperada

Quién lo iba a decir. Después de casi medio siglo sin que un primer ministro británico visite Gibraltar, David Cameron viene al Peñón. Quiere recabar votos para evitar la salida del Reino Unido de la Unión Europea y sabe que los llanitos no quieren ni oír hablar del brexit. A ver quién es el guapo que renuncia a vivir como español cobrando sueldo de inglés. Además, los poco más de 20.000 votos de la colonia no servirían para inclinar la balanza. Ni en un sentido, ni en el contrario. Total, que es ir para nada.

Sin embargo, que la anacrónica presencia británica en Gibraltar sea favorable a la permanencia es vital para la comarca de la Bahía de Algeciras que cada día envía 10.000 personas a trabajar al otro lado de la frontera, y de las que no conocemos su futuro en caso de que la verja se volviera a cerrar. Una posibilidad que ya barajan las empresas españolas ubicadas en la roca, que desde hace tiempo manejan planes para marcharse si el referéndum deja a Gran Bretaña fuera de la Unión.

Pero un gesto tan innecesario como molesto para la diplomacia española obedece a algo más. Quizás a la necesidad de hacer ver a lo más retrógrado de la sociedad británica que el ‘imperio’ aún existe, aunque sea una falacia en la que ni siquiera su ministro principal aguanta un minuto más de lo necesario. Nine to five y corriendo a casa. A España, vamos, porque una vez cerradas las tiendas en el Peñón quedan los monos y poco más porque los gibraltareños prefieren vivir en suelo español. El propio primer ministro británico es un gran amante de España. No es raro verle de visita en nuestro país junto a su esposa e hijos. Los Cameron, a diferencia de muchos de sus paisanos que nos visitan para hacerse arreglos médicos o hartarse de alcohol barato, pasan muchos fines de semana de discreto disfrute, de tumbona y de terracita, y lo que es más importante, de hacer gasto en establecimientos turísticos de diferentes comunidades autónomas. Eligieron Granada para celebrar el cumpleaños de Samantha, su esposa; Fuerteventura para pasar la Semana Santa y se han dejado ver en varias ocasiones viajando en Ryanair. Como un ‘guiri’ más, vaya. Si, si, no se sorprenda tanto. En ese sentido el inquilino del número 10 de Downing Street es uno más de sus compatriotas. Con sólo un 5% de paro y un incremento salarial del 2% en los últimos meses, lo raro es que alguien se prive de una escapadita.

Sin embargo, con todo ese ir para acá y por allá por nuestra geografía, a Cameron no se le había pasado por la imaginación acercarse a Gibraltar. Ni para echar gasolina, que es lo primero que hacemos los españoles en cuanto cruzamos la frontera. Un viaje que, con muy buen criterio, los británicos llevaban cuarenta y ocho años evitando para no causar más conflictos diplomáticos y que Cameron se salta a la torera justo un par de días después de que España haya defendido en Naciones Unidas la descolonización urgente de Gibraltar. Si este desplante al gobierno en funciones de Mariano Rajoy le sale mal a Cameron y el Reino Unido sale de la Unión Europea, Gibraltar lo va a sufrir. Será frontera con la Unión Europea y habrá que volver a echar la llave en la verja. Entonces, el ahora arrogante Fabian Picardo, al que se le llena la boca de decir que jamás serán españoles, tendría que aceptar la soberanía compartida con España para salvar la economía del Peñón. Eso sí, tendría que poner fin a esa especie de parque temático a medio camino entre paraíso fiscal y centro comercial en que ha convertido la roca.

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