Por fin es lunes

¿Quién dijo que no le gustaban los lunes? Después de la semanita que hemos pasado en la que hasta la meteorología se alió para que todo pareciera aún más brutal, el sol nos ha devuelto la tranquilidad. O eso parece.

Déjenme que les haga un repaso para que entiendan lo que digo. El jueves la fría mañana asturiana nos helaba a todos el corazón cuando conocíamos el brutal parricidio de dos niñas de 7 y 9 años. Curiosamente, en este país de meapilas en el que vivimos instalados en una mal entendida protección de la intimidad, los medios de comunicación encubríamos el nombre del asesino de sus hijas bajo la aséptica garantía de sus iniciales.

A pesar de no ser 13, el viernes no quiso quedarse atrás en esta semana de los horrores, y cuando parecía que Vigo se libraba de las lluvias que arreciaban en el resto de Galicia, a Vanesa, una policía acostumbrada a mojarse en las calles vigesas para proteger a sus convecinos, un tarado que entre reforma y reforma se dedicaba a atracar bancos, la dejaba tendida para siempre sobre el asfalto que tantas y tantas veces había recorrido evitando que pasara lo que no pudo parar ese día.

Por si fuera poco, el domingo, y amparados por la niebla con la que el Manzanares , como buen rio, adorna las mañana del otoño madrileño, una panda de anormales cubiertos con capucha que es la prenda que más gusta vestir a los verdugos, habían quedado para matarse y como los pactos mafiosos se cumplen sin miramientos eso es lo que hicieron con Francisco Javier Romero “Jimmy”, que dicho sea de paso, no estaba allí por casualidad. ¡Vaya trago para esa madre explicar a los dos huérfanos que su padre ha muerto vestido de franjiazul por querer matar rojiblancos!

Y es que la brutalidad humana no tiene límites, ni quien quiera ponerlos, y me explico. ¿Se imaginan ustedes la que se pudo haber liado si en lugar de conocerse la muerte de Romero tras el partido se hubiese conocido durante el mismo? Aquello se podía haber convertido en una verdadera masacre. Un riesgo que los presidentes de ambos clubes se pasaron por el forro de los gabanes con los que se protegían del frio ribereño al consentir que el partido se celebrase. Que no localizaron a nadie de la Federación Española de Futbol fue la excusa para no detener el encuentro. Es decir, ¿me quieren ustedes contar que ni Enrique Cerezo ni Constantino Fernández, miembros ambos dos de la junta directiva de la Real Federación Española de Fútbol, no tienen el teléfono de Ángel María Villar, presidente de la susodicha?
La realidad es otra, y es que salvo Real Madrid y Barcelona que se pusieron muy serios con los ultras, la violencia en las gradas se sigue manteniendo en las oficinas de los clubes. ¿Por que? Entre otras cosas por que en los despachos hay miedo, no hay que olvidar que cuando el Barça quiso poner fin al movimiento ultra en el Camp Nou, los Boixos Nois amenazaron de muerte a Laporta, por entonces presidente del club catalán. Por suerte para los golfistas, los únicos encontronazos se solucionan con un apretón de manos y un guante firmado.

Más allá de tanta barbaridad, y como no podemos pasar una semana sin escandalo en las altas esferas del estado, el domingo nos deja la dimisión de Mercé Pigem, vocal nacionalista del Consejo Superior del Poder Judicial tras sus paseos fronterizos con su hermana y el aguinaldo de la abuela para sus nietos. Mira que conozco abuelos generosos, mucho, el de mi hijo, sin ir más lejos, en cuanto puede se arranca con algún billete, unas veces de un color, otras de otros, pero lo de la yaya Pigem es especial, 20.000 euros les había dado para compras navideñas. Claro, cuando al guardia de la frontera, acostumbrado a las cuatro perras que le daba la suya le cuentas esto, pues claro, lo más lógico es que sospeche. Sobre todo por la discriminación con que ha tratado a la pobre Mercé, mira que darle a su hermana más dinero que a ella. Y es que las madres siempre han tenido favoritismos por una u otra hija. Lo que me llama la atención, es que todos los nacionalistas catalanes tengan el dinero fuera de Cataluña. ¿Será que no se fían de ellos mismos?

(Editorial del programa PAR 72 del 1 de diciembre de 2014)

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