¡Me lo pido, vaya que si me lo pido!

Hay que ver. Cómo es esto de la naturaleza. Resulta que ahora que he decidido aprovechar eso que los meteorólogos llaman ciclogénesis explosiva (la borrasca de toda la vida, vaya) y que hemos bautizado como ‘Ana’, para volver a abrir las puertas de la ciudad de las tormentas va y deja de llover. Han sido cuatro gotas que han pasado tan deprisa que ni siquiera a la alcaldesa de Barcelona le ha dado tiempo a sumarse a la noticia. Mala suerte. Tan solo una letra tiene la culpa de que la edil barcelonesa no pueda convertirse en la tormenta perfecta. Seguro que ya se veía a sí misma jarreando sobre la ciudad condal a ver si a fuerza de tronar consigue acabar con el turismo de una vez por todas. ¿Quién puede culparla? Estamos en la época del “me lo pido” y Colau se lo pide todo. Que hablamos del … Leer más…

Malos hermanos

Somos malos hermanos. Se nos da de maravilla descalificar al vecino. El cotilleo de rellano poniendo a parir al inquilino de más arriba es algo tan nuestro que es difícil imaginar una finca en la que no se despellejen los unos a los otros. El problema es que metidos en faena, la escalera se nos queda pequeña y las redes sociales han facilitado a los buscadores de nuevos horizontes para el insulto la posibilidad de salir del portal. Ahora las cosas van un paso más allá. Ya no hace falta encabronarnos con el de arriba cuando arrastra los muebles a primera hora del sábado, ahora podemos odiar a quien queramos. Eso sí, incluso en el odio hay un cierto grado de pudor a la hora de arremeter contra desconocidos y por eso se busca un motivo. Una razón que no esté mal vista entre quienes necesitan desahogarse en mejilla ajena. … Leer más…

El ojo que todo lo ve

Me cuenta un amigo que aprovechando el puente ha participado en un torneo patrocinado por una conocida empresa donde, lejos de disfrutar de una mañana de golf junto al Mediterráneo, tuvo que dedicarse a vigilar a sus compañeros de partida que andaban afanados en conseguir, a fuerza de descontarse golpes, el bonito viaje para dos con que se obsequiaba al campeón. Y es que desde que los premios de los torneos sociales han pasado de la típica placa a los bonos de viaje a lugares supuestamente paradisíacos, además de otros jugosos premios, los domingos por la mañana los tramposos afloran en los clubes como los caracoles tras la lluvia. Lo cierto es que al paso que vamos no será extraño que dentro de poco las llamadas ‘maquinas de la verdad’ convivan con las de la limpieza en el cuarto de palos. Parece ser que el artilugio que el malogrado Julián … Leer más…

Di capacitados

Hace ya algunos días que les expliqué cuanto me cuesta celebrar un día internacional. Que para mi es algo así como lavarnos la conciencia por el poco aprecio que hacemos de las minorías el resto del año. Hoy, Día Internacional de las Personas con Discapacidad no me voy a poner reivindicativo y simplemente voy a pedirles que doten de dignidad a los mil millones de personas que se encuentran englobados en este colectivo en todo el mundo. Mil millones de personas son el 15% de la población mundial, un porcentaje que se merece mucho más que 24 horas de actos destinados a congraciarnos con nosotros mismos en un ejercicio de cinismo que nos lleva a reclamar la eliminación de barreras para mañana volver a aparcar sobre el rebaje de la acera olvidándonos de quienes no pueden subir el bordillo. Esas personas por las que pedimos que la sociedad se mas … Leer más…

En días como hoy

En días como hoy se me viene a la cabeza Pérez Rubalcaba. Y no por lo gris del momento, que también, sino porque el exministro no era el tipo con el que me apeteciera cerrar un bar. Vamos que no era un cascabel, o al menos a mi no me lo parecía. Y aún así me acuerdo de él. Sobre todo por una de esas frases que los periodistas guardamos en ese rincón perdido de la memoria del que en algún momento siempre acabamos echando mano. Rubalcaba decía que los españoles somos gente que enterramos muy bien, y es verdad. De siempre la muerte nos hizo ser muy respetuosos. Más aún si el óbito llegaba por sorpresa y la noticia nos pillaba con el cadáver aún caliente. Entonces, con la mirada gacha y el gesto circunspecto, siempre encontrábamos una palabra de ánimo para sus deudos. El pésame más que un … Leer más…

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