La vergüenza

Se cumple un año de la constitución de los ayuntamientos tras las municipales de 2015 y la gente ya no parece tan feliz con lo que eligieron. Las ciudades que optaron por el cambio no son mejores que cuando las gobernaban otros. Es más, si se pasea por Madrid, Barcelona o Valencia, la sensación no es de cambio si no de retroceso. La vida municipal se ha centrado en ocurrencias y experimentos, olvidándose por completo del bienestar de quien les refrendó en las urnas e incumpliendo las promesas con las que les robaron el corazón. Poco ha tardado en meter al ciudadano en una realidad que no es muy distinta a la que vivieron hasta el 26 de mayo del pasado año. Desgraciadamente, la vieja y la nueva política se parecen demasiado.

Ya ni en el barrio que vio nacer a su líder espiritual están contentos con lo que ocurre en su día a día. A Francisco Pérez el concejal presidente del distrito de Puente de Vallecas se lo han dicho ayer mismo. En voz alta, en su propia casa y como mejor lo iba a entender el edil que ha plagado la barriada madrileña de seres mitológicos y dibujos psicodélicos allá donde ha visto una fachada limpia: con un graffitti.  “Paco, la juventud vallekana se avergüenza”, rezaba la pintada con la que amaneció la fachada de su Junta Municipal, y eso, a Pérez no le ha hecho gracia. Le ha gustado tan poco, que mientras que en el barrio subsisten desde hace años pintadas antisistema, él sacó de la cama a los del Serlur, el servicio urgente de limpieza, para borrar cualquier rastro del sentir popular. Incluso acordonó el edificio no fuera a ser que a alguien le diera por continuar explicando sus motivos a golpe de spray.

A Pérez no parece gustarle que la realidad de su distrito trascienda. La tan manida transparencia se reduce a usar la cuenta de Twitter de la Junta Municipal para anunciar actuaciones y festejos populares, mientras las principales calles del barrio se ahogan en un mar de improvisados tenderetes donde personas sin recursos intentan vender lo que previamente ha rescatado de los contenedores de basura. Ni siquiera el concejal ha tenido un momento de cariño en su cuenta personal para las familias que sufrían un pavoroso incendio a pocos metros de donde los servicios de limpieza se afanaban en borrar las huellas de la protesta. Eso sí, el video del autobús de campaña de Podemos adelantando al de Ciudadanos ocupa la primera plaza de la parrilla en su time line.

Pero la falta de sensibilidad no es privativa del edil vallecano. Por lo visto es algo que está en el ADN de los políticos de la formación morada y sus confluencias. Alberto Garzón, la última víctima del seductor Pablo Iglesias, no ha querido perder la oportunidad de reivindicar su necesidad de un reajuste neuronal y lo ha hecho como más les gusta a estos teóricos del esperpento, utilizando palabras con las que dejar boquiabiertos a sus adlateres. La última del riojano ha sido mezclar en un solo tuit a las cincuenta víctimas del terrorismo islamista en Orlando y a las dos mujeres fallecidas por la violencia machista en Sevilla, acusando al heteropatriarcado de los sucedido. No se si hay que ser muy leído, muy necio, o ambas cosas, para usar semejante palabro y menos en esta situaciones. Lo que está claro es la capacidad de concreción que da el delirio. Si puede meter tanta barbaridad en solo 140 caracteres, imagínense de lo que será capaz con el Boletín Oficial del Estado si llega a gobernar. O con la Feria del Libro. Él que solo lee ensayo político, lo mismo quita todas las casetas literarias y lo apaña con un par de tenderetes.

Por cierto que llenar de libros el Paseo de Coches del Retiro sigue siendo uno de los reclamos más boyantes de la ciudad. Este año ha incrementado sus ventas en un 3,5% llegando hasta los 8,2 millones de euros, cifras que alcanzarían otros sectores si el ayuntamiento no estuviese empeñado en espantar a todo el que saca la chequera con intención de generar empleo. Son tantos los fracasos de las empresas que han intentado invertir por entenderse con el gobierno de Manuela Carmena que al final va a tener que repartir las acelgas del huerto de Cibeles para dar de comer a tantas familias como está privando de empleo.

Total, que un año después no podemos encomendarnos a San Antonio y, como las modistillas, pedir un buen novio, este nos tiene que durar tres años más.

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