La CUP saca fumata blanca de su propio incendio

Algo más de cien días, 104 concretamente, ha tardado el cielo de Barcelona de llenarse, figuradamente, de humo blanco. Lástima que la fumata blanca haya salido de la pira funeraria de Artur Mas que ha lucido su cadáver político para dar el último coletazo, y colgarse la medalla del patriota que se sacrifica por el bien de esa sinrazón que han dado llamar independencia y que, hasta ahora, solo ha traído la perplejidad a los votantes catalanes que ya empezaban a sentir el hastío que produce en la ciudadanía la ausencia de liderazgo en las instituciones.

Desde que este sindios comenzó el pasado 27 de septiembre, el asambleario partido liderado por Antonio Baños ha mantenido una cruenta guerra intestina con el único afán de sacar a Mas del Palau de la Generalitat, y de este por agarrarse a su despacho de la plaza de Sant Jaume a cualquier precio. Más allá de los resultados de las urnas, la independencia forma parte de los sueños onanistas de unos y otros. Todos han querido formalizar su relación con esa novieta que, como la falsa moneda, se ha paseado de mano en mano mostrando su falta de valor, pero que los secesionistas han querido darle carácter de tesoro escondiendo su interior de chocolate bajo una cubierta de papel dorado con el que se creían capaces de resolver los problemas de Cataluña.

La cosa es que, rechazado el pago en ese gran supermercado de soflamas en el que han convertido el proceso soberanista, el nuevo mártir de la independencia catalana, dice que se echa a un lado. Pero lo hace para morir matando. Nuevamente, el gobierno en funciones se atrinchera en el inmovilismo, para dejar al frente del ejecutivo catalán a otro de los tapados de las listas de la maltrecha Convergencia Democrática de Cataluña. Si el president saliente era el cuarto en la relación de aspirantes de ese invento llamado Junts pel Si, que el mismo parió para disfrazar la retahíla de escándalos del partido fundado por Jordi Pujol, el radicalizado alcalde de Girona, era el tres. Eso sí, su fama de independentista, le aventaja con respecto al sacrificado Artur en los cariños de la CUP, engatusados al saber que contarán con alguien que eche gasolina al incendio que ellos han provocado y de que Carles Puigdemont es el más cualificado para guiarlos hacia la luz separatista.

Por el momento, el único que parece estar por la labor de encenderles la linterna es Pedro Sánchez que ya le hace ojitos a Ezquerra Republicana de Catalunya, socio de gobierno de Puigdemont, con tal de lograr los apoyos “progresistas” para vencer a Rajoy. Cegado como está Sánchez por el mismo humo que no permitió a Mas ver que había perdido las elecciones, habrá que estar atentos a la dirección en que sopla el viento porque el incendio amenaza con extenderse a Madrid.

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