Hispanos

Para ser honesto debo reconocer que no soy demasiado aficionado al balonmano. Sin embargo, en este Mundial me he enganchado. Hispanos. No habrá un apodo mejor elegido. De verdad que no era difícil ver a Viriato corriendo sobre el terreno de juego. Esta vez, en lugar de pieles vestía con ‘la roja’ y en el dorsal llevaba el nombre de un Joan Cañellas que, encoraginado, no paraba de atacar, una y otra vez, lo que a priori parecía ser un muro infranqueable y que logró agujerar hasta en siete ocasiones.
Los romanos -daneses esta vez- al igual que las huestes del pretor Galba, no veían el momento de que acabase el azote de los que defendían el Palau Sant Jordi, convertido para la ocasión en la mayor demostración del orgullo de ser español. Le pese a quien le pese.

Y es que en el deporte patrio ya no hay quien nos invada. Al menos no en los deportes de equipo. Para los balonmanistas era la segunda ocasión en que bordaban una estrella en sus camisetas. En el baloncesto ya saboreamos las mieles mundialistas en Japón. Curiosamente, también por una abultada diferencia de puntos.
Y que decir del fútbol. El gol de Iniesta frente a Holanda permanecerá en el imaginario popular per secula seculorum. Incluso en el tenis, cuando jugamos por equipos, lo ganamos todo. Y si no, véase el ejemplo de la Copa Davies.

Lamentablemente, en el golf aún estamos por recoger ese triunfo que nos lleve a las primeras paginas de los periódicos deportivos. Además, a falta de enemigo que nos invada, y después de la cantidad de citas internacionales que la crisis a dejado fuera del calendario nacional, nuestros profesionales han decidido hacer la maleta y probar fortuna en otros lares.
En un país en el que la movilidad geográfica por motivos laborales es algo que parecía anclado en el pasado, todavía sorprende que los nuestros se busquen la vida, que diría un castizo. Sin embargo, ya son muchos los que buscan su lugar más allá de nuestras fronteras. El último Carlos Pigem, que animado por los buenos resultados de Javi Colomo durante la pasada campaña en Asia, acaba de conseguir entrar en un circuito que está en plena expansión y donde los profesionales de todo el mundo ven una interesante salida profesional. 700 aspirantes a 40 plazas lo atestiguan.

Pero aún no ha terminado la sed de conquista de los hispanos. El asalto final –al menos por este año- lo peleará Carlos Balmaseda que se marcha a América en busca de su particular ‘El Dorado’. Esta vez, el sueño que perseguía Francisco de Orellana en 1541, se llama PGA Latinoamérica y en lugar de oro tiene 150.000 dólares por torneo y diecisiete oportunidades para alcanzarlo.

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