El más preparado

Debo de reconocer que esto de que me estén todo el día recordando lo bien preparado que está nuestro futuro rey me tiene preocupado. “Es el mejor preparado”, dicen una y otra vez. Por activa y por pasiva. “El mejor preparado”. Una afirmación que requiere haberle comparado previamente con otros para dar sentido a semejante sentencia. Y yo sin enterarme de que había otras opciones. Dicho esto sin entrar en polémicas constitucionalistas.

Una necesidad de convencernos de lo que sin duda es un hecho incuestionable, que ha llevado editar un libro dedicado a recoger la formación del todavía Príncipe de Asturias en varios centenares de páginas debidamente encuadernados en rústica, y en cuyas líneas entiendo que se esconde el currículum vitae del heredero para que nadie se quede sin conocer a fondo los méritos que le asisten.

Tanta insistencia me recuerda, y eso me asusta, que muchos de nosotros ya hemos pasado por la generación JASP. ¿Se acuerdan?, Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados. Una generación de cerebros que con la misma facilidad entonaban canciones de los noventa agarrados al volante del utilitario de moda, que aprobaban con soltura carreras en otra época reservadas para apocados pitagorines que nunca frecuentaban la noche madrileña. O barcelonesa. O salmantina, no vaya a ofenderse nadie.

La cosa es que después de ver a nuestros jóvenes entre lo más granado de Europa a pesar de no tener Universidades de prestigio internacional, pasamos a meternos de lleno en la siguiente generación. La generación ‘NI-NI’ y con ella el olvido de los primeros y la ingratitud por lo que hicieron. Por llevarles al ejemplo. Un caso claro de JASP es nuestro Sergio García. Aquel joven que sorprendía al mundo con su actitud jovial y algo pizpireta por esos campos de Dios, dio paso a un treinteañero que no termina de llegar a los objetivos que el imaginario popular, y las exigencias de la prensa, le impusieron en su día, hace ya más de una década, y al que ahora unos y otros machacamos por su falta de atino con el putter. Sin pudor, poco a poco le hicimos un Ni-Ni más.

Los mejor preparados también eran los componentes de nuestra selección nacional de fútbol. Los JASP que nos permitieron conocer a que saben las mieles de la gloria futbolística, algo inimaginable hasta que Iniesta convirtió en fiesta nacional el 11 de junio de 2010. Podremos olvidar nuestro aniversario pero la fecha del glorioso zapatazo del de Fuentealbilla, jamás.

La cosa es que cuatro años después, y con la misma circunstancia con la que iniciamos el mundial de Sudáfrica, ya estamos a punto de convertirles en unos NI-NIS. Unos parias a punto de caer en desgracia frente a los que un día los encumbraron como dioses terrenales. Y todo por que a un tal Robber le dio por hacer dos veces la gracia y aprovechar para vengarse de un Casillas, ahora más fallón que por aquel entonces. Un NI-NI más, vaya.

Al menos, de aquel recuerdo nos quedan momentos de júbilo en el que el pueblo se echó a la calle envuelto en enseñas nacionales. Un gol, un solo gol, y de repente ya éramos españoles. Teníamos una bandera. Y un himno. Y nos sabíamos la letra. Y la cantábamos: “na, na, na, na, nanananana, nanana, nana, nanananana…”

Sin embargo, aunque Felipe VI está sobradamente preparado, al pueblo de Madrid hay que incitarle a que salga a la calle y demuestre fervor por la institución que hereda en histórica abdicación. Hasta un bando municipal se ha marcado la alcaldesa Ana Botella, poco dada a la prosa y de dudoso discurso, para invitar a los madrileños a que acompañen a los nuevos reyes en su peregrinar por las calles capitalinas. El poso que deja la proclama del consistorio madrileño es la sensación de que somos muy “juancarlistas” y que no vemos en esta nueva familia real relevo para la que, el todavía monarca, formó en su día. Una familia de la que ahora darán de baja a las hermanas del nuevo rey y en la que hemos incorporado a una reina, que reconozco respetar más por puro corporativismo que por su valía institucional. Eso si, en este afán cortesano de exhibir curriculums, reconozco que también está preparada. Faltaría más.

En fin, mientras llega la siguiente generación, la de Leonor, de la que ya no hará falta hablar de su preparación por que lo estará tanto como el resto de españoles de su edad, toca desear que esa ingratitud que manifestamos con aquellos que nos representan ante el más mínimo atisbo de flaqueza en sus funciones, permitan a Felipe mantener el ánimo suficiente como para que el tiempo le deje demostrar que el más preparado también es el mejor rey.

(Publicado el 18 de junio de 2014 en Madridiario.es)

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