El fútbol y el marketing separatista

No hay nada que avive más el nacionalismo que imaginar enemigos. Precisamente en eso reside el marketing de los independentistas que saben de la importancia de los piques -sin acento, que del otro ya hablaremos-, entre quienes pretendidamente les agreden y quienes buscan aliviarse del agravio poniendo fronteras por medio. De eso se sabe mucho en el deporte. Especialmente en el fútbol. Ahí piques míticos. Sevilla-Betis. Las Palmas-Tenerife. Madrid-Atlético, y así interminablemente por toda la geografía nacional. Pero hay uno que destaca entre todos, el que enfrenta al Barça y al Real Madrid.

Ahora que se aproxima la fecha de las elecciones autonómicas catalanas, con la pátina del independentismo siempre presente, surge la necesidad de quienes pretenden la autodeterminación de servirse de valedores que representen ese enfrentamiento para que trasladen al escenario político el rechazo que despiertan sobre el terreno de juego.

Se trata de vender un producto que los políticos son incapaces de colocar en el mercado y que los futbolistas, avezados en el noble arte de la venta de camisetas, pueden liquidar marcando la dirección del voto casi con chascar los dedos. Hemos visto, por ejemplo, al políglota Pep Guardiola abandonar sus arengas en la lengua Goethe para pronunciarse en catalán diciendo que de haber existido la selección catalana nunca hubiera vestido la camiseta de la española. Un discurso que despertó el júbilo del auditorio con un mensaje que llena los oídos de quien escucha lo que quiere oír. Un público que no se cuestiona que si hubiera existido un país llamado Cataluña habría jugado con esa camiseta le gustase o no, y que probablemente, hubiera jugado en una liga de equipos de tercera división por lo que jamás hubiera podido llegar hasta donde ha llegado el bueno de Josep.

Es el caso de Piqué -ahora sí- al que todo el mundo ataca por vestir la camiseta de España habiéndose declarado independentista, como si esto fuera incompatible. El central barcelonistas es español, y lo seguirá siendo piense lo que piense en su fuero interno. Si llega el improbable día en que Cataluña sea independiente, entonces tendrá que decidir donde juega y, creanme, que dudo mucho que decida quedarse fuera de la élite mundial del fútbol. Antes le vemos jugando en el Madrid o marchándose a cualquier país con una liga importante. Aún así, el sentimiento que pretenden generar es el del odio hacia el barcelonísmo y, por ende, hacia los catalanistas y así llevarnos a donde empezamos, a imaginar enemigos.

Pero es que en eso consiste esta operación, en vender camisetas aunque al comprador le queden grandes. ¿Y eso cómo se consigue? pues con una dependienta al uso, no, desde luego. Para eso hay que tirar del mayor representante del marketing catalanista, el Fútbol Club Barcelona.

Es curioso pero el equipo de la Ciudad Condal, a pesar de que solo cuenta con seis jugadores catalanes entre los 25 futbolistas de la primera plantilla, sigue siendo el baluarte del independentismo. No en vano, mientras el resto de equipos cambia la segunda equipación cada año para dar oportunidad a que el mercado fluya, el Barça impone su ley, o quizás la de la Generalitat, y los colores de la senyera siguen presentes en la camiseta alterna temporada tras temporada. Una muestra más del compromiso “con el país” que declaraba el pasado día 11 su presidente, Josep María Bartomeu, con motivo de la Diada. Son gestos más que patentes del apoyo incondicional del equipo de Barcelona que aquí también demuestra ser mes que un club y de eso intentan aprovecharse los partidos independentistas que, a falta de trece días para las elecciones, quieren que otros marquen el gol para que a ellos les quede solo celebrarlo como propio.

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