De espías y periodistas

La liberación de Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre, tres periodistas con un currículum con el que Hollywood haría virguerias, ha reabierto el debate sobre la conveniencia o no de pagar los rescates y de la capacidad de acción que les da a los violentos la llegada de esos fondos. La verdad es que el papel lo soporta todo, pero dudo que esas voces que claman firmeza ante el chantaje terrorista hubieran aguantado el peso de su decisión si ayer los tres reporteros no hubieran bajado del avión por su propio pie.

Es verdad que a esas misiones se va voluntario y que trabajar en Al Maadi, el casco viejo de Alepo, no es pasear por el Madrid de los Austrias, pero eso no evita la responsabilidad que el Estado tiene en la resolución de conflictos en los que, de una u otra manera, se ven involucrados españoles. Con Pampliega, López y Sastre son seis los periodistas españoles que han salvado la vida gracias a que el Centro Nacional de Inteligencia les habría localizado, negociado con sus captores y, probablemente, adelantado el dinero del rescate como ocurrió en el caso del pesquero Alakrana. Tampoco fue esa la primera vez, ni será esta la última, que les toque intervenir nuestros servicios secretos, que de tan silenciados que les mantiene el Gobierno parece que ni existieran.

Es curioso cómo se maneja de cara a la opinión pública el tema de la Inteligencia en España. No digo que nos cuenten los detalles de las misiones que se realizan ni la identidad de nuestros agentes, pero sí que se de un punto más de publicidad a sus funciones, sobre todo cuando éstas han servido para salvar la vida de españoles en zona de conflicto. Las grandes potencias del mundo espía han sabido dar luz a sus capacidades en la gran pantalla para, además de entretener, exhibir su poderío ante un potencial enemigo y generar confianza y seguridad entre sus compatriotas. Son innumerables las apariciones de agentes de la CIA como protagonista de películas o las del popular James Bond, el miembro del MI6 del que el Reino Unido ha sabido sacar partido a su capacidad de salvar al mundo en el tiempo que le dejaba libre el asalto a la alcoba de cualquier pibón que se le cruzase. En España, la única aparición de un agente del CNI pasa por ser la del enamoradizo Morey, más preocupado de pasear por Ceuta cogido de la mano de su chica que de acabar la misión que le había llevado allí. Suerte que estaba José Coronado para salvarle y de paso, convertir semejante folletín en una serie de televisión con cierto gancho.

Pero como la realidad siempre acaba superando cualquier ficción, y no hay nada que te haga ver las cosas con más perspectiva que la falta de liquidez, la necesidad de fondos de la franquicia de Al Qaeda que los retenía ha resultado providencial para salvarles la vida a sabiendas de que un periodista español, pasa de ser un objetivo a convertirse en un décimo de lotería premiado para el terrorista. Que se sepa que España paga sus rescates es un seguro de vida para el rehén que es tratado lo suficientemente bien como para asegurar el cobro, y que su liberación les da credibilidad para el próximo secuestro.

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