De casta le viene al galgo

No se cuantos deportes conocen ustedes en los que dos generaciones de atletas se mantengan en competición. ¿Se imaginan por un momento a Guardiola y Messi compartiendo balón en el Nou Camp? Imposible, ¿verdad?. Quizás sea el golf el único deporte en el que varias generaciones se mantienen en la alta competición gracias a esa categoría que denominamos ‘senior’ y que en el golf profesional empieza a los cincuenta, mucho tiempo después de que cualquier otro deportista haya puesto punto y final a su carrera.

En el golf además se da una circunstancia aún más curiosa y es la de las sagas. Mientras que en otros deportes, como en el baloncesto, tenemos referencias de hermanos que han compartido pabellón como los Martín hace algunas décadas, o más actualmente el caso de Pau y Marc Gasol, en golf encontramos familias enteras que compiten cada fin de semana o que coinciden en las canchas de prácticas para impartir sus conocimientos a los que intentan emularles, con más o menos éxito en el campo. Es el caso, por ejemplo de Pedro Martín, conocido profesor del RACE cuyo hijo, también Pedro, da clase en el Centro de Tecnificación de Madrid mientras que su hija Marta participa en el Circuito de Madrid de Profesionales y en el Banesto Tour.

O más allá, padres e hijos disputándose el premio en igualdad de condiciones y en la misma competición, como ocurre con Mariano Aparicio y su hijo Guillermo, jugadores habituales del tour madrileño. ¿Podría jugar José Manuel Beirán (ex jugador del Real Madrid y plata en Los Ángeles’84) contra su hijo Javier, que esta temporada milita en las filas del Gran Canaria 2014, en un partido de la Liga Endesa? Evidentemente no.

Podría seguir durante horas dándoles referencias de familias de golfistas. Recordemos el caso de los Ballesteros. Además del malogrado Severiano, fueron profesionales sus hermanos, sus sobrinos y ahora, probablemente, lo será su hijo Javier. O el de los Garrido, si mi memoria no me falla, el único caso de padre e hijo que han jugado la Ryder Cup, aunque en distinta edición, claro.
O los Cañizares, mientras que José María milita en el Senior Tour, su hijo Alejandro lo hace en el circuito europeo y Gabriel dirige un importante club de la Costa del Sol. O los Luna. O los Dávila…

Lo que me lleva a pensar que existe un importante componente genético para triunfar en este deporte que, unido al esfuerzo y dedicación que sin duda ponen todos ellos, ayuda a hacer pocas. Por supuesto que hay muchísimos otros jugadores que son excelentes golfistas de ‘primera generación’, quizás muchos más, pero esta curiosidad es un buen razonamiento para que usted y yo, amigo lector, disculpemos ese avergonzante hándicap que arrastramos después de tantos años dando palos por esos campos de Dios: ni en su familia ni en la mía hay golfistas de profesión.

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