Cuatro son multitud

Esto de la coralidad de los debates no lo termino de ver. Es verdad que lo prefiero al cara a cara, donde va a parar. Más aún cuando ya hemos visto que a nuestros políticos sentarse mirando a los ojos de su adversario solo les sirve para intentar meter el dedo en el globo ocular del que tienen enfrente. Sin embargo, tanta gente me suena más a sesión parlamentaria que a debate electoral. Hasta la configuración de los atriles en esa suerte de semicírculo con Rajoy a un lado y el resto de fuerzas a continuación, recordaba claramente al Hemiciclo.

Así pasó, que el tan esperado debate a cuatro se convirtió en un mero ejercicio de oposición parlamentaria. Sin mucha diferencia con una sesión de control en el Congreso, donde la oposición critica las actuaciones del presidente y este se defiende, los debatientes cargaron contra el líder del Partido Popular empeñados en sacar partido de repetir datos que Rajoy tuvo la oportunidad de rebatir. Mientras, Pedro Sánchez, Albert Rivera, y él otras veces beligerante Pablo Iglesias, fueron incapaces de aprovechar la oportunidad de hacer valer sus argumentos, y se dedicaron a legitimar al candidato popular a quien siguieron tratando como al presidente del Gobierno. Esta vez el todos contra Rajoy sirvió para reforzar al popular en lugar de abatirle.

Lo que vimos fue un debate largo, tedioso y sin contenido. Sánchez no aclaró con quién pactará. Rivera volvió a emitir un discurso edulcorado y aún así demostró tener más capacidad de protagonizar el tan cacareado “sorpasso”  que el propio Pablo Iglesias, a quien se le ha adjudicado la potestad de liderar la izquierda tras el 26 de junio, y que estuvo más preocupado de recuperar la amistad de Sánchez que de demostrar su valía como presidenciable. “El adversario no soy yo, Pedro…no soy yo…”, repetía como un mantra lastimero. Pobrecillo, menos mal que a la salida estaban los suyos para besarle, no con la pasión de Xavier Domenech, pero si con afecto que después del disgusto un cariñito reconforta mucho. Finalmente Rajoy, a base de contestar las andanadas de sus oponentes, terminó siendo el menos malo de una noche con demasiado postureo. Hasta la esposa de Pedro Sánchez acompañó a su marido en el photocall.

Hablando de postureo, llamó la atención el de las televisiones que se conformaron con mandar a sus mejores bazas a repartir segundos. Sólo Vicente Vallés ejerció de periodista con alguna pregunta que puso nervioso a Mariano Rajoy. No estaría de más que, en adelante, además de un grafista con algo más de creatividad -ya les vale lo del 4 por la A en Deb4te-, la Academia ponga el moderador para que los periodistas puedan dedicarse a hacer su trabajo.

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