Cuatro décadas de periodismo y piel

Déjenme plantearles un ejercicio de memoria. Abran mentalmente la hemeroteca y digan en voz alta dos reportajes de la revista Interviú que recuerden por su calado. Complicado, ¿verdad? Bien, ahora nombren cinco de las mujeres -o de los hombres, que también los hubo- que la mítica cabecera nos mostró a todo color en sus más de 40 años de historia. Marisol… Barbara…Lola… Marta…Sabrina… imposible quedarse sólo con cinco.

Ya me perdonarán la frivolidad pero después de conocer que el semanario dejará de aparecer quería saber si yo era el único al que se le agolpaban en la cabeza las portadas de la revista que más ha contribuido a que toda una generación de españoles comprendiera que era aquello de la libertad de expresión. Un aprendizaje logrado a fuerza de mirar furtivamente sus portadas hasta que la madurez nos enseñó que en su interior había mucho más que el solitario alivio de sus páginas centrales. Ese ejercicio de sensatez nacional se hizo evidente cuando la revista dejó su destierro en el altillo del armario y pasó a ocupar un lugar privilegiado en el revistero familiar, en las mesitas de las peluquerías y en el esquinazo de la barra del bar.

De todo eso parece que haya pasado un siglo pero tan solo han sido 42 años. Eso sí, cuatro décadas de pieles tersas y periodismo de calidad en los que Interviú ha formado parte de todos nosotros. Tan presente la teníamos que no la hemos echado en falta y tal vez por eso la vamos a perder. No es que quiera echarles a ustedes la culpa de la nevada, para eso están otros, pero es verdad que la falta de ventas en el quiosco ha contribuido a que a su editora no le salgan las cuentas. Una revista que no se vende no genera ingresos de publicidad y eso va en detrimento de los contenidos y de unas portadas que desde hace mucho tiempo no terminan de resultar atractivas. Cualquiera de las señoras que se nos han venido a la cabeza en el ejercicio anterior tenía un interés que las efímeras estrellas televisivas no alcanzarán jamás. Llámenme antiguo, pero me da que esos que entretienen su tiempo en ver al prójimo recluido no son el tipo de lector que compra una revista con grandes contenidos.

Pero no crean que la caída en las ventas es una exclusiva de la revista española. En esas mismas anda Playboy. La cabecera que fundara Hugh Hefner ha pasado de vender más de siete millones de ejemplares a escasos 500.000. Ni siquiera el intento desesperado de quitar los desnudos de sus páginas en 2016 -aunque más tarde los reincorporó- para buscar un lector más interesado en los contenidos que en las chicas, logró que la publicación levantara cabeza. Todo lo contrario, sirvió para que en el universo de las conejitas se afianzara la idea de que necesitaban encontrar una vía para comunicarse con sus lectores más allá del papel. Una formula esta de la virtualización que bien podría servir para salvar la cabecera del Grupo Zeta. Eso sí, en este nuevo escenario de lectores acostumbrados a leer poco y rápido en las pantallas de sus móviles, habría que darle más espacio al sexo y menos al periodismo. Una idea que muchos recibirían encantados pero claro, eso, lamentablemente, ya no será Interviú.

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