Arrimadas, Messi y el día después

El resultado electoral del pasado domingo ha dejado una vez más en entredicho la política que los partidos nacionales están desarrollando en Cataluña. A pesar de todo, el esfuerzo realizado por las formaciones no independentistas, a quienes se les ha llenado la boca de vender sus competencias y experiencia para poner freno al avance nacionalista, no ha servido para nada. Es más, ese voto que ya se veían contando para sí tanto PP como PSOE -e incluso la enésima marca blanca de Podemos- se ha marchado, no sin cierto asombro, a la cuenta particular de Ciutadans.

La apuesta del partido naranja por la joven Inés Arrimadas no deja de ser sorprendente. Vamos a tener que afianzarnos en la idea de que Albert Rivera es un verdadero gurú de la estrategia política capaz de encabezar el cambio político en España. Eso o que el resto de partidos siguen empeñados en infravalorar la inteligencia de aquellos a los que pretenden gobernar. Lo cierto es que con sólo tres años como diputada autonómica por toda experiencia, esta abogada gaditana de aspecto aniñado, se ha puesto Cataluña por montera atreviéndose a mirar de frente al todopoderoso lobby nacionalista y por encima del hombro al resto de fuerzas políticas.

Arrimadas ha demostrado que a sus 34 años está en forma. Aupada en sus tacones ha corrido la banda con fluidez y seguridad para meterles un gol por la escuadra a aquellos que no la valoraban como rival político. Un ‘chicharro’ propio del mejor Messi a quien el sábado una lesión le mandaba al banquillo en esos giros inesperados que da la vida y que iba a servir para eclipsar el día después de los comicios catalanes.

El lunes saltaba la noticia que aplacaba la euforia de quienes ven una Cataluña rodeada de fronteras. “La pulga” tiene para dos meses. Largos. Más de ocho semanas en las que no podrá pisar los terrenos de juego y eso no hay nacionalismo que lo aguante. El mismo Barça que posicionó a sus prohombres junto al independentismo, acalló las celebraciones. Ayer no había corrillo ciudadano que no apuntase a la fatalidad. Por que si, el Barça es más que un club, pero es un club que gira en torno al mejor jugador del mundo y si este se rompe, todo el barcelonismo acusa la lesión.

Pero como no hay mal que por bien no venga, mientras que la preocupación se centra en saber cómo será la vida sin el argentino, en los despachos de ‘Junts pel Si’ ganan tiempo para asimilar que los catalanes votaron no a pesar de que se juntaron para todo lo contrario. Claro que quienes practican el fuera de juego y se dan piscinazos a ver si el árbitro no se da cuenta y pita la falta máxima, no dan por válido aquello de un hombre un voto aceptando la suma de escaños como aval de independencia, sin respetar lo que quieran sus conciudadanos.

Ya se sabe, la política no es más que disfrazar de interés general el interés particular. Siguiendo esa máxima, los ciudadanos han dado la vuelta a la tortilla y ahora miran por su propio interés. Después de ver que no hay diferencia entre el día que les dejó sin Messi y el día después de la cita con las urnas, no queda otra que mirar de frente a un futuro incierto que tiene fecha y lugar para resolverse. Será el 21 de noviembre en el Santiago Bernabéu. Un clásico que, sin Leo en el vestuario, preocupa mucho más que ver cómo se las apañan para gobernar partidos tan antagónicos como Ezquerra y Convergencia.

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