A Monti no le salen las cuentas de Ana Botella

La pasada semana, Alejandro Blanco, presidente de la tercera candidatura madrileña para los Juegos Olímpicos, los de 2020 esta vez, entregaba “con alegría y muchísima ilusión” el cuestionario técnico que servirá para explicar a las autoridades del COI las cualidades de Madrid para seguir en la carrera olímpica. Una carrera de la que ese mismo día, 14 de febrero, se apeaba la ciudad de Roma después de que Mario Monti, primer ministro italiano, calificara el gasto derivado de la organización de los Juegos de 2020 como “un compromiso financiero que no sería responsable”.

Evidentemente, la crisis económica ha sido el factor determinante para que la ciudad eterna abandone la candidatura incluso antes de haber pasado por el trámite de ser aspirante. Según el gobierno del tecnócrata Monti, el gasto derivado de la organización se elevarían a 9.800 millones de euros, de los que más de 8.400 deberían salir del erario italiano. Una cantidad insostenible con la que está cayendo, y a la que ‘Il Cavalieri’ no encuentra retorno. Mucho más cerca, en Murcia, y prácticamente al mismo tiempo aunque por diferentes motivos –el LET pretendía utilizar con los murcianos las mismas malas artes con las que el Circuito Europeo engañó a la candidatura madrileña-, la Región de Murcia retiraba su candidatura a la Solheim Cup de 2015, privándonos de disfrutar de la homónima femenina de la Ryder que ya nos había sido negada meses atrás. ¡Vaya semanita!

Pero a diferencia de que a Roma, en Madrid, a Ana Botella si le salen las cuentas. La alcaldesa tiene una visión absolutamente distinta de los beneficios económicos del evento, que según ella, tendrá uno retorno incalculable. ¿Entonces por que Roma se retira pensando en que no sacará ni siquiera lo que le toca poner?¿Peca Botella de optimismo?. Desde luego, el negocio de los Juegos es redondo. En Beijing, se invirtieron cerca de 26.000 millones de euros y se ingresaron casi 130.000, generando 700.000 puestos de trabajo durante los siete años anteriores a la celebración. Por otro lado, los Juegos de Barcelona en 1992 nos dejaron a todos los españoles una deuda de 3.042 millones de euros y otros 1.597 adicionales para los habitantes de la ciudad condal. Bien es verdad que en esas dos citas todo estaba por hacer.

En Madrid, sin embargo, todo está hecho. Tras los dos intentos de Gallardón para ser sede en 2012 y 2016, las infraestructuras olímpicas están terminadas a falta de pequeños retoques y listas para rentabilizar las faraónicas obras del anterior primer edil, por lo que la inversión a realizar será mínima. Tanto es así, que junto al cuestionario, Blanco ha entregado fotografías de las sedes terminadas y en pleno funcionamiento. Un hecho sin precedentes y del que se espera sacar provecho.

Una de estas instalaciones será la que acogerá el torneo de golf. De hecho, en lo que respecta a este deporte, está vez reinó la coherencia y lejos de dejarnos llevar llevar por cantos de sirena como ocurrió en la candidatura a la Ryder Cup de 2018, el consistorio ha decidido no construir un nuevo campo y utilizar el magnífico y siempre vigente recorrido del Club de Campo Villa de Madrid, para acoger el torneo olímpico.

Ahora, gracias al abandono de Roma, y haciendo caso de esa regla no escrita sobre la rotación continental, el diseño de Javier Arana está un poco más cerca de hacer historia y sumar a su currículo de torneos internacionales los Juegos de 2020. Sólo Estambul compite con Madrid en la lucha europea por el nombramiento de Ciudad Sede. Doha (Catar), Tokio (Japón) y Bakú (Azerbaiyán), completan el quinteto de aspirantes.

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