El ojo que todo lo ve

Me cuenta un amigo que aprovechando el puente ha participado en un torneo patrocinado por una conocida empresa donde, lejos de disfrutar de una mañana de golf junto al Mediterráneo, tuvo que dedicarse a vigilar a sus compañeros de partida que andaban afanados en conseguir, a fuerza de descontarse golpes, el bonito viaje para dos con que se obsequiaba al campeón. Y es que desde que los premios de los torneos sociales han pasado de la típica placa a los bonos de viaje a lugares supuestamente paradisíacos, además de otros jugosos premios, los domingos por la mañana los tramposos afloran en los clubes como los caracoles tras la lluvia. Lo cierto es que al paso que vamos no será extraño que dentro de poco las llamadas ‘maquinas de la verdad’ convivan con las de la limpieza en el cuarto de palos. Parece ser que el artilugio que el malogrado Julián … Leer más…

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