La fidelidad impuesta

Es curioso como funciona la atracción entre los seres humanos. Una vez superado el impacto visual del primer momento no es siempre el más guapo el que más éxito tiene. Cuántas veces nos habremos sorprendido de ver como ese tipo feo y desgarbado, al que nunca le imaginariamos con alguien de la mano, se convierte en el triunfador de la noche. Sabe que sólo a fuerza de tirar la caña acabará pescando en río revuelto y como buen pescador, resta importancia a la captura si consigue pasear el trofeo. Bien pensado los pactos políticos tienen mucho que ver con la atracción y esa forma casi desesperada de buscar pareja de nuestro amigo el feo. Un claro ejemplo de picaflor es Pablo Iglesias. Dentro de ese perfil de gente con aspecto de no comerse un colín se esconde un verdadero don Juan que en pocos meses ha hablado a tres muchachos. … Leer más…

De espías y periodistas

La liberación de Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre, tres periodistas con un currículum con el que Hollywood haría virguerias, ha reabierto el debate sobre la conveniencia o no de pagar los rescates y de la capacidad de acción que les da a los violentos la llegada de esos fondos. La verdad es que el papel lo soporta todo, pero dudo que esas voces que claman firmeza ante el chantaje terrorista hubieran aguantado el peso de su decisión si ayer los tres reporteros no hubieran bajado del avión por su propio pie. Es verdad que a esas misiones se va voluntario y que trabajar en Al Maadi, el casco viejo de Alepo, no es pasear por el Madrid de los Austrias, pero eso no evita la responsabilidad que el Estado tiene en la resolución de conflictos en los que, de una u otra manera, se ven involucrados españoles. … Leer más…

Con la puerta en las narices

Seguro que ya ni se acuerda, pero hubo un tiempo antes de que los conserjes, y más tarde los videoporteros les extinguieran, en que era habitual que tras la puerta de casa nos encontrásemos con un vendedor. Trabajaban a puerta fría. Probando suerte con el pretexto de acudir a una cita nunca concertada, y que la mayoría de la veces acababa con las narices del vendedor peligrando por el portazo. Fea costumbre esa de no llamar para anunciar la visita en un intento de colocarle algo al ingenuo que abre la puerta, que ayer el presidente de la Generalidad de Cataluña nos devolvió a la memoria. No sé en qué estaría pensando el ínclito Puigdemont cuando cargado con su enciclopedia sobre el humo decidió visitar Bruselas a ver si le colaba el producto a algún despistado. Si ya era difícil vender los tropecientos tomos de la historia natural regalando un … Leer más…

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies